Actualizado: julio de 2026 · Lectura: ~22 minutos
Simón Borrero es el emprendedor colombiano que convirtió el gesto cotidiano de «hacer un mandado» en una de las empresas de tecnología más valiosas de América Latina. Cofundador y CEO de Rappi, la aplicación de domicilios y servicios financieros que nació regalando donas en una esquina de Bogotá, Borrero es hoy una de las figuras más influyentes —y también más discutidas— del ecosistema emprendedor latinoamericano.
Esta es su biografía completa: quién es, de dónde viene, cómo construyó Rappi, cómo levantó más de 2.000 millones de dólares de inversión, qué controversias ha enfrentado y cómo piensa sobre el riesgo, la innovación y el futuro de la región.
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Tabla de contenidos
- ¿Quién es Simón Borrero?
- Biografía: nacimiento, familia, infancia y educación
- Primeros emprendimientos: de la agencia de modelos a Imaginamos
- Carrera antes de Rappi: Grability, el laboratorio de la idea
- Cómo nació la idea de Rappi
- Los cofundadores de Rappi
- Cómo consiguió inversión: las rondas que hicieron a Rappi un unicornio
- Crecimiento de Rappi: cronología año por año
- Momentos difíciles: regulación, protestas, competencia y despidos
- Filosofía empresarial de Simón Borrero
- Vida personal
- Premios y reconocimientos
- Fortuna estimada
- Curiosidades sobre Simón Borrero
- Línea de tiempo
- Preguntas frecuentes
- Conclusión
¿Quién es Simón Borrero?
Simón Borrero es un empresario y programador colombiano, cofundador y director ejecutivo (CEO) de Rappi, la superaplicación de entregas a domicilio y servicios financieros más grande de América Latina. Fundada en Bogotá en 2015 junto a Sebastián Mejía y Felipe Villamarín, Rappi se convirtió en 2018 en el primer «unicornio» de Colombia —una startup privada valorada en más de 1.000 millones de dólares— y llegó a alcanzar una valoración de 5.250 millones de dólares en 2021.
Borrero es, ante todo, un ingeniero de producto de formación autodidacta y un emprendedor en serie. Antes de Rappi ya había levantado y quebrado varios negocios, y había construido una compañía de software con más de 300 desarrolladores. Su nombre aparece de forma recurrente en las listas de personas más influyentes de la tecnología latinoamericana: en enero de 2019, Bloomberg incluyó a los tres fundadores de Rappi entre las 50 personas que estaban «transformando América Latina», y La República lo eligió Empresario del Año por haber creado el primer unicornio del país.
Su figura resume, en buena medida, la promesa y las tensiones del emprendimiento tecnológico en la región: la ambición de «soñar en grande» y construir campeones globales desde una economía emergente, y al mismo tiempo el debate sobre las condiciones laborales de miles de repartidores, la sostenibilidad de un modelo de crecimiento a toda costa y la difícil transición de una startup que quema caja a una empresa rentable lista para salir a la bolsa.
Biografía: nacimiento, familia, infancia y educación
¿Cuándo y dónde nació Simón Borrero?
Simón Borrero nació en Cali, Colombia, a comienzos de la década de 1980. Las fuentes públicas coinciden en la ciudad de nacimiento, pero no son unánimes sobre el año exacto: varios perfiles corporativos y biográficos ubican su nacimiento alrededor de 1984, lo que en 2026 le daría unos 42 años. Otras referencias sugieren fechas ligeramente anteriores. Ante la ausencia de un dato oficial y verificable, lo más prudente es afirmar que nació en Cali a principios de los años ochenta y que hoy ronda los cuarenta años. (Este punto figura entre los datos que no pueden confirmarse con total certeza.)
Familia e infancia
Borrero creció en una familia numerosa y, según ha contado en entrevistas, marcada por el emprendimiento. Ha descrito a su padre como un empresario que le inculcó disciplina, rigor, el hábito de soñar en grande y la cultura del esfuerzo; y a su madre como la persona que le transmitió el valor de la familia y la inteligencia emocional. Un rasgo que repite al narrar su infancia es que en su casa las cosas no se regalaban: para conseguir juguetes, de niño llegó a vender jugos y a inventar pequeños negocios. Esa idea de «ganarse las cosas por sí mismo» es una constante en su relato personal y explica, en su versión, por qué emprender nunca le pareció una decisión heroica sino algo natural.
Educación y universidad
Contrario a una versión muy difundida —que se repite incluso en artículos de prensa— según la cual Borrero «estudió ingeniería», los registros más confiables indican que se graduó como Administrador de Empresas con énfasis (o minor) en Economía en la Universidad de los Andes, en Bogotá, alrededor de 2007. La Universidad de los Andes es una de las instituciones privadas más prestigiosas de Colombia y un semillero histórico de emprendedores.
Posteriormente cursó un MBA con especialización en estrategia en EADA Business School, en Barcelona (España), hacia 2010. Conviene precisar que, aunque su carrera formal fue en administración y economía, buena parte de su perfil técnico —programación, diseño de producto y experiencia de usuario— es autodidacta, algo habitual en su generación de fundadores. La confusión entre «ingeniero» y «administrador» es uno de los errores factuales más repetidos sobre su biografía.
Primeros emprendimientos
Borrero suele decir que emprende desde niño, y su hoja de vida lo respalda: acumuló varios intentos —muchos fallidos— mucho antes de Rappi.
Uno de sus primeros proyectos, cuando apenas empezaba la universidad y cuando Facebook todavía no había llegado a Colombia, fue una agencia de modelos en línea montada sobre una red social llamada High Five. Llegó a reunir a unas 5.500 personas interesadas en ser modelos, pero el negocio nunca logró conseguirles trabajo y terminó quebrando. Es una anécdota que Borrero cuenta sin pudor, porque encaja con su tesis de que los fracasos son parte del oficio.
Otro antecedente directo de Rappi fue un pequeño servicio de mandados que montó con un amigo, para el que —a falta de aplicaciones— imprimieron tarjetas con un número de teléfono para recibir pedidos. Esa idea, nacida de observar una necesidad cotidiana, prefigura casi literalmente lo que años después sería Rappi. (Algunas fuentes se refieren a este proyecto con el nombre «Tim Marín»; el dato es difícil de verificar de forma independiente.)
El emprendimiento que realmente lo puso en el mapa fue Imaginamos, una empresa de desarrollo de software que fundó a los 22 años con unos 700.000 pesos colombianos de sus propios ahorros. Imaginamos llegó a tener más de 300 desarrolladores y funcionó, además de como fábrica de software para terceros, como una suerte de incubadora interna de ideas. Fue ahí donde Borrero afinó su obsesión por el producto, el diseño de interfaces y la ejecución rápida, y donde conoció el mundo del comercio digital que lo llevaría a su siguiente apuesta.
Carrera antes de Rappi
El puente directo hacia Rappi fue Grability, una plataforma de mobile commerce (comercio móvil) enfocada en la compra de supermercado desde el celular. Grability desarrollaba la tecnología para que grandes cadenas de retail pudieran vender en línea con una experiencia de usuario cuidada: catálogos visuales, carritos intuitivos, una app agradable de usar.
Grability resolvía bien la parte digital —la interfaz, la vitrina, el catálogo—, pero dejaba al descubierto el eslabón más frágil de toda la cadena: la logística de la última milla. Los usuarios podían comprar con facilidad, pero seguían frustrados con las entregas: horarios amplios, demoras, poca confiabilidad. Ese hueco entre la experiencia digital impecable y la realidad física de la entrega fue, precisamente, lo que Borrero y sus socios se propusieron cerrar. Grability terminó siendo, en palabras que se le atribuyen, «el laboratorio donde se incubó la idea de Rappi».
Cómo nació la idea de Rappi
El contexto
En 2015, América Latina era un desierto relativo en materia de startups. La región apenas contaba con un puñado de unicornios, la penetración de smartphones crecía a toda velocidad, las ciudades se volvían cada vez más congestionadas y una clase media urbana empezaba a valorar su tiempo por encima de casi todo. Existía la demanda; faltaba quien conectara los puntos.
El problema y la oportunidad
Trabajando en Grability, Borrero y Sebastián Mejía notaron algo revelador: los usuarios no solo querían comprar mercado. En los mensajes y solicitudes aparecían pedidos de hamburguesas, crepes, medicinas, e incluso «favores»: recoger algo, hacer una fila, llevar un documento. La gente no pedía un supermercado en línea; pedía resolver la vida cotidiana. La idea de Rappi, insiste Borrero, «vino de los usuarios». En lugar de imponer un catálogo, decidieron construir una plataforma capaz de entregar casi cualquier cosa y de ejecutar cualquier mandado.
Los primeros meses y los primeros clientes
Rappi arrancó como un piloto en una zona de Bogotá en agosto de 2015. La táctica de arranque se volvió legendaria en el ecosistema latinoamericano: los fundadores se pararon en una esquina a regalar donas a quien descargara la aplicación. El truco de crecimiento (growth hack) funcionó. En apenas cinco meses, Rappi había recibido más de 200.000 pedidos. El boca a boca, el diseño cuidado heredado de Grability y la promesa de «pedir lo que sea» hicieron el resto.
Las primeras inversiones
El despegue no pasó desapercibido. A comienzos de 2016, Rappi fue admitida en Y Combinator (batch Winter 2016), la aceleradora de Silicon Valley que había apadrinado a compañías como Airbnb, Stripe o Dropbox. Ese sello abrió la puerta al capital estadounidense. En julio de 2016, Andreessen Horowitz (a16z) invirtió en Rappi en lo que fue su primera inversión en América Latina, dentro de una ronda semilla en la que también participaron fondos como monashees, Foundation Capital, Floodgate y FJ Labs. Para una startup colombiana, tener a a16z y a Y Combinator en la mesa fue una validación decisiva.
Los cofundadores de Rappi
Rappi no es la obra de un solo hombre. La compañía nació de un trío complementario, y entender a cada uno ayuda a entender a la empresa.
Simón Borrero — CEO y «el producto»
Borrero es el director ejecutivo y la cara pública de Rappi. Su terreno es el producto, el diseño y la visión de largo plazo: la obsesión por la experiencia de usuario, la ambición de convertir una app de domicilios en un ecosistema de «todo». Es el fundador que habla de «turborizar» la vida cotidiana y de construir un campeón tecnológico global desde la región.
Sebastián Mejía — estrategia, expansión y capital
Sebastián Mejía ha sido pieza clave en la estrategia de crecimiento, la expansión internacional y la relación con los inversionistas. Con perfil más volcado hacia los negocios y las finanzas, ha sido determinante en las rondas millonarias y en la salida de Rappi de Colombia hacia México, Brasil y el resto del continente. Es reconocido, junto a Borrero, como uno de los rostros del emprendimiento latinoamericano y ha participado en fondos e iniciativas de inversión en startups de la región.
Felipe Villamarín — ejecución y tecnología
Felipe Villamarín completa el trío. Su aporte se ha concentrado en la ejecución, la resolución de problemas y la construcción tecnológica y operativa que permitió escalar la plataforma a millones de pedidos. Es el perfil más reservado públicamente de los tres, pero igualmente esencial en el nacimiento de la compañía.
Nota factual: el artículo original que circula sobre Borrero menciona a un cofundador llamado «Felipe Villamizar». El nombre correcto es Felipe Villamarín. Es un error habitual que conviene corregir.
Cómo consiguió inversión
La historia de Rappi es, en gran medida, una historia de capital de riesgo. Levantar dinero a gran escala fue lo que le permitió crecer más rápido que sus competidores y aguantar años de pérdidas. En total, la compañía ha captado alrededor de 2.300 millones de dólares a lo largo de su historia.
Ronda semilla (2016)
Tras pasar por Y Combinator, Rappi cerró su ronda semilla en 2016 con Andreessen Horowitz a la cabeza —su primera apuesta en la región— junto a monashees, Foundation Capital, Floodgate y FJ Labs.
La ronda que la hizo unicornio (2018)
En 2018, una ronda de alrededor de 200 millones de dólares liderada por DST Global, con participación de inversionistas de primer nivel como Sequoia Capital y Andreessen Horowitz, empujó la valoración de Rappi por encima de los 1.000 millones de dólares. Con ello, Rappi se convirtió en el primer unicornio de Colombia. Un unicornio, en el argot del capital de riesgo, es una startup privada valorada en más de mil millones de dólares; en 2018 eran una rareza en América Latina, lo que magnificó el hito.
El «megacheque» de SoftBank (2019)
El salto definitivo llegó en abril de 2019, cuando el conglomerado japonés SoftBank —a través de su fondo para América Latina— inyectó 1.000 millones de dólares en Rappi. La operación valoró a la compañía en torno a 3.500 millones de dólares y la convirtió en la mayor apuesta de SoftBank en la región hasta ese momento. Ese capital financió una expansión agresiva y la diversificación hacia nuevos servicios.
La Serie F y el pico de valoración (2021)
En julio de 2021, en plena euforia por las entregas durante la pandemia, Rappi levantó más de 500 millones de dólares en una Serie F que la valoró en 5.250 millones de dólares, su punto más alto. La ronda reunió una lista de inversionistas de peso mundial: T. Rowe Price, Baillie Gifford, Third Point, Octahedron, GIC, SoftBank, DST Global, Y Combinator, Andreessen Horowitz y Sequoia Capital, entre otros.
Esa concentración de fondos de talla global explica por qué Rappi ha sido, durante años, el emblema del potencial —y también del apetito especulativo— del venture capital en América Latina.
Crecimiento de Rappi
Cronología año por año
2015 — Nace Rappi en Bogotá. Piloto en agosto, donas gratis a cambio de descargas y más de 200.000 pedidos en los primeros cinco meses.
2016 — Entra a Y Combinator (Winter 2016). Andreessen Horowitz invierte por primera vez en América Latina. Rappi inicia su salida internacional hacia México.
2017 — Expansión acelerada por la región y consolidación en Colombia y México. La plataforma empieza a diversificarse más allá del mercado: comida de restaurantes, farmacia, dinero en efectivo a domicilio (RappiCash) y el concepto de «favores».
2018 — Ronda liderada por DST Global. Rappi supera los 1.000 millones de dólares de valoración y se convierte en el primer unicornio colombiano. Borrero es nombrado Empresario del Año por La República.
2019 — SoftBank invierte 1.000 millones de dólares. Lanzamiento de RappiPay, su brazo financiero, en alianza con Davivienda. Bloomberg incluye a los fundadores entre las 50 personas que «transforman América Latina».
2020 — La pandemia de COVID-19 dispara la demanda de entregas. Rappi se vuelve un servicio esencial para usuarios, comercios y repartidores. La compañía amplía su oferta de «superapp»: mercado, restaurantes, farmacia, e incluso experimentos con streaming de música, videojuegos y venta de entradas a eventos virtuales.
2021 — Serie F de más de 500 millones de dólares y valoración récord de 5.250 millones. Rappi opera en nueve países de la región.
2022–2023 — Fin de la euforia. La subida de tasas de interés en Estados Unidos enfría el capital de riesgo global. Rappi, como buena parte del sector tecnológico, ejecuta recortes de personal y ordena sus finanzas, priorizando el camino hacia la rentabilidad sobre el crecimiento a cualquier precio.
2024 — Rappi apuesta con fuerza por Turbo, su servicio de entregas ultrarrápidas (del orden de minutos) apoyado en una red de mini-bodegas urbanas (dark stores), y por la inteligencia artificial para personalizar la experiencia y optimizar la logística. Comienza a hablarse en serio de una eventual salida a bolsa.
2025 — Rappi cumple 10 años. Borrero afirma que la compañía encadena cuatro trimestres consecutivos de rentabilidad (EBITDA positivo), retoma la expansión y plantea su plan de «turborización de todo». Sitúa una posible salida a bolsa (IPO) en Wall Street hacia finales de 2026, sujeta a las condiciones del mercado.
2026 — Rappi mantiene una valoración estimada por encima de los 5.000 millones de dólares y se prepara, con cautela, para su debut bursátil. Borrero continúa como CEO.
Expansión internacional
Desde Colombia, Rappi se expandió a México (2016) y luego a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Ecuador y Costa Rica, entre otros. En su mejor momento llegó a operar en nueve países y más de 200 ciudades de América Latina, compitiendo de tú a tú con rivales globales.
Servicios e innovaciones
Rappi dejó de ser hace tiempo «una app de domicilios». Su evolución hacia superapp incluye:
- Comida y restaurantes: su vertical más conocida.
- Mercado y farmacia: herencia directa de Grability.
- RappiCash / RappiFavor: dinero a domicilio y mandados personalizados.
- RappiPay, RappiCard y cuentas de ahorro: su ambiciosa apuesta fintech, con tarjetas de crédito para más de 200.000 colombianos y cuentas de ahorro con tasas competitivas.
- RappiTravel, RappiPrime (suscripción), publicidad (RappiAds) y comercio (RappiTiendas / Turbo).
- Turbo: entregas ultrarrápidas desde dark stores, la gran apuesta reciente.
- Inteligencia artificial: personalización de promociones, recomendación de productos y optimización logística; incluida la adquisición de la empresa india Fountain9, especializada en IA para predicción de demanda e inventarios.
Momentos difíciles
Ninguna historia de crecimiento explosivo está exenta de sombras, y la de Rappi tiene varias. Una biografía honesta de Borrero debe presentarlas con equilibrio.
Las protestas de los repartidores
El talón de Aquiles reputacional de Rappi ha sido, sin duda, la situación laboral de sus repartidores —los «rappitenderos»—. La compañía los clasifica como «colaboradores autónomos» o trabajadores independientes, un modelo que promete flexibilidad pero que los críticos consideran una forma de precarización: el repartidor asume el costo de sus herramientas (moto, bicicleta, celular, datos), no tiene garantías laborales plenas y queda sujeto a los designios de un algoritmo que asigna pedidos y puede bloquear cuentas.
A lo largo de los años ha habido paros y protestas de repartidores en Colombia, México, Perú, Argentina y otros países, exigiendo mejores tarifas (congeladas por temporadas), transparencia frente a las suspensiones de cuentas y garantías mínimas. En marzo de 2025, un acuerdo con la Unión Sindical de Mensajeros de las Tiendas Turbo (USMTT) en Medellín —que beneficiaría a unos 700 trabajadores— fue presentado como un paso histórico hacia mejores condiciones. El debate sobre cómo clasificar y proteger a los trabajadores de plataformas sigue abierto, y no es exclusivo de Rappi: es una tensión global entre la «economía colaborativa» y los derechos laborales.
La regulación
Rappi ha operado durante años en un vacío o zona gris regulatoria. Distintos gobiernos de la región han debatido cómo tratar a las plataformas de reparto: si son empleadoras, intermediarias tecnológicas o una categoría nueva. Reformas laborales recientes en varios países han empezado a definir reglas para el trabajo en plataformas, con impacto directo en el modelo de negocio de Rappi.
La competencia
Rappi nunca ha estado sola. Ha competido —y compite— con gigantes globales y regionales: Uber Eats, iFood, PedidosYa (Delivery Hero), Didi Food, Cornershop (adquirida por Uber), Justo y otros. La batalla por el domicilio ha sido de subsidios, descuentos y quema de caja, una guerra de desgaste que solo el capital abundante permitía sostener.
La pandemia: bendición y presión
La pandemia de 2020 fue, paradójicamente, un enorme acelerador para Rappi: con las ciudades confinadas, las entregas se volvieron esenciales. Pero también expuso las tensiones del modelo —la exposición de los repartidores al contagio, la dependencia del algoritmo— y generó una euforia de valoraciones que luego se corrigió con dureza.
Despidos y ajuste financiero
Cuando el ciclo de dinero barato terminó, hacia 2022–2023, Rappi tuvo que hacer lo que casi toda la industria: recortar personal, cerrar líneas no rentables y cambiar el mantra del «crecimiento a toda costa» por la disciplina financiera. Fue una etapa dura pero, según la propia compañía, necesaria: es la que le permitió llegar a 2025 con varios trimestres de rentabilidad y la posibilidad real de salir a bolsa.
En conjunto, la trayectoria de Rappi ilustra el dilema central de las plataformas: innovación y conveniencia para millones de usuarios, por un lado; preguntas legítimas sobre trabajo, regulación y sostenibilidad, por el otro.
Filosofía empresarial
De sus entrevistas, conferencias y publicaciones en redes se puede reconstruir una forma de pensar bastante coherente. Estas son sus ideas fuerza.
Sobre el riesgo y el fracaso
Borrero no romantiza el fracaso, pero lo normaliza. Su primer emprendimiento (la agencia de modelos) quebró; muchos otros no funcionaron. Su lectura es que emprender es un oficio de iteración, no un golpe de suerte. Una idea que ha compartido en LinkedIn resume su visión: «Las empresas no se construyen con certezas. Se construyen con personas que deciden creer cuando todo todavía es incierto.» No por casualidad recomienda El obstáculo es el camino (Ryan Holiday), un manual estoico sobre convertir la adversidad en ventaja.
Sobre soñar en grande
Uno de sus lemas más repetidos es «soñar en grande». Ha dicho que «soñar en grande nos ha llevado a cumplir muchos hitos». Para Borrero, el tamaño de la ambición condiciona el tamaño del resultado: si te propones construir un campeón global desde América Latina, quizás lo logres; si te propones algo pequeño, seguro te quedarás pequeño.
Sobre el emprendimiento y el país
Borrero conecta el emprendimiento con el desarrollo. En sus palabras: «Los emprendedores deberíamos estar obsesionados por el crecimiento del país.» Ve a las startups no solo como negocios, sino como motores de empleo, formalización y talento que puede quedarse en la región en lugar de emigrar.
Sobre la innovación y el producto
Su obsesión declarada es el producto y la experiencia del usuario. La lección de Grability —una interfaz impecable no basta si la entrega falla— lo llevó a pensar en el negocio como la suma de lo digital y lo físico. De ahí «Turbo» y la idea de «turborizar todo»: reducir la fricción y el tiempo entre el deseo y la satisfacción.
Sobre la inteligencia artificial
Borrero ha situado a la IA en el centro del futuro de Rappi: personalización de ofertas, predicción de demanda, optimización de rutas y de inventarios en las dark stores. La adquisición de Fountain9 y las alianzas tecnológicas (por ejemplo en la nube) apuntan a una compañía que quiere competir por datos y algoritmos, no solo por logística.
Sobre América Latina
Su tesis de fondo es optimista y regional: América Latina tiene talento, mercados grandes y problemas cotidianos enormes que la tecnología puede resolver. Rappi es, en su narrativa, la prueba de que se pueden construir empresas de clase mundial desde la región y para la región, sin tener que mudarse a Silicon Valley.
Vida personal
Simón Borrero es una figura notablemente reservada en lo que respecta a su vida privada. A diferencia de otros fundadores, no ha hecho de su intimidad parte de su marca personal, y por eso la información pública verificable es escasa. Se sabe que nació y creció en Cali, en una familia numerosa y de raíz emprendedora, y que vivió y estudió entre Bogotá (Universidad de los Andes) y Barcelona (EADA). Reside habitualmente donde se centra la operación de Rappi.
Detalles como su estado civil, si tiene hijos o dónde vive exactamente no están confirmados en fuentes públicas confiables, por lo que este perfil se abstiene de afirmarlos. En un ecosistema donde muchos fundadores exponen su vida, Borrero ha optado por dejar hablar a la empresa.
Premios y reconocimientos
- Empresario del Año en Colombia, otorgado por el diario La República (edición 2018), por haber creado el primer unicornio del país.
- Inclusión, junto a sus cofundadores Sebastián Mejía y Felipe Villamarín, en la lista de Bloomberg de las 50 personas que están transformando América Latina (enero de 2019).
- Reconocimiento recurrente de Forbes (Colombia y regional) y de medios como Bloomberg Línea, Semana, Portafolio, El Tiempo y Dinero como uno de los emprendedores más influyentes de la región.
- Rappi, bajo su liderazgo, ha sido destacada como caso de estudio del emprendimiento latinoamericano en foros, universidades y aceleradoras, empezando por Y Combinator.
Fortuna estimada
No existe una cifra oficial y verificable del patrimonio de Simón Borrero. A diferencia de los magnates que cotizan en bolsa, su riqueza está atada al valor privado de su participación en Rappi, una empresa que aún no sale a los mercados públicos y cuya valoración fluctúa con las rondas de inversión.
Lo que sí puede afirmarse con respaldo: Borrero es accionista fundador de una compañía que llegó a valer 5.250 millones de dólares, lo que implica una fortuna personal considerable, aunque en gran parte ilíquida (en papel, no en efectivo). Además, es un inversionista activo (serial investor) con participaciones en startups como SmartBeemo, Liti, Muni, Troura y Morado, entre otras.
Cualquier cifra específica de «patrimonio neto» que circule sobre él debe tomarse como una estimación no confirmada. La foto real de su fortuna dependerá, en buena medida, de la eventual salida a bolsa de Rappi, que pondría precio de mercado a su participación.
Curiosidades
- Las donas fundacionales. Rappi arrancó regalando donas en una esquina de Bogotá a cambio de descargas de la app. El truco funcionó tan bien que hoy es una anécdota de manual en el emprendimiento latinoamericano.
- De vender jugos a fundar un unicornio. De niño vendía jugos para comprarse juguetes, porque en su casa no le regalaban las cosas.
- Su primer negocio fue una agencia de modelos… que quebró. Reunió 5.500 aspirantes a modelos en una red social, pero no consiguió trabajo para ninguno.
- Programador autodidacta, administrador de profesión. Aunque muchos lo llaman «ingeniero», se graduó en Administración de Empresas; lo técnico lo aprendió por su cuenta.
- La idea de Rappi la dieron los usuarios. No salió de un plan maestro, sino de notar que la gente pedía «favores» y cosas que ningún supermercado vendía.
- 300 desarrolladores antes de los 30. Su empresa previa, Imaginamos, llegó a tener más de 300 programadores; la fundó con apenas 700.000 pesos.
- La primera apuesta de a16z en América Latina fue Rappi. El fondo de Andreessen Horowitz eligió a una startup colombiana para estrenar su presencia en la región.
- Primer unicornio de Colombia. Antes de Rappi, el país no tenía ninguna startup valorada en más de mil millones de dólares.
- El megacheque de SoftBank. Los 1.000 millones de dólares de SoftBank en 2019 fueron una de las mayores inversiones tecnológicas jamás hechas en la región.
- Grability fue el «laboratorio» de Rappi. La empresa de comercio móvil que tenía antes le mostró exactamente qué faltaba: la logística.
- Superapp de «todo». Rappi ha vendido desde mercado y medicinas hasta entradas a conciertos, videojuegos y hasta dinero en efectivo a domicilio.
- Banquero sin banco. Con RappiPay y RappiCard entregó tarjetas de crédito y cuentas de ahorro a cientos de miles de colombianos, compitiendo con la banca tradicional.
- «Turborizar todo». Su expresión favorita para describir la ambición de reducir a minutos el tiempo entre pedir y recibir.
- Reservado por elección. Casi no comparte su vida privada; prefiere que hable la empresa.
- Lector estoico. Recomienda El obstáculo es el camino, un libro sobre convertir la adversidad en ventaja.
- Comprador de IA en India. Rappi adquirió Fountain9, una empresa india de inteligencia artificial, para afinar su predicción de demanda.
- Diez años y rumbo a Wall Street. En 2025 Rappi cumplió una década y encadenó cuatro trimestres rentables, preparando una posible salida a bolsa en 2026.
Línea de tiempo
| Año | Hito |
|---|---|
| ~1984 | Nace Simón Borrero en Cali, Colombia (año aproximado, no confirmado). |
| ~2006 | Funda Imaginamos, empresa de software, a los 22 años. |
| ~2007 | Se gradúa en Administración de Empresas (énfasis en Economía) en la Universidad de los Andes. |
| ~2010 | Cursa un MBA en estrategia en EADA Business School, Barcelona. |
| ~2013–2015 | Desarrolla Grability, plataforma de comercio móvil para supermercados. |
| Ago. 2015 | Nace Rappi en Bogotá con Sebastián Mejía y Felipe Villamarín. Donas gratis por descargas. |
| 2016 | Rappi entra a Y Combinator. Andreessen Horowitz invierte por primera vez en Latam. Expansión a México. |
| 2018 | Ronda de DST Global. Rappi supera los USD 1.000 M: primer unicornio de Colombia. Borrero, Empresario del Año. |
| Abr. 2019 | SoftBank invierte USD 1.000 M (valoración ~USD 3.500 M). Lanza RappiPay. Bloomberg 50. |
| 2020 | La pandemia dispara la demanda. Rappi se consolida como superapp esencial. |
| Jul. 2021 | Serie F de USD 500 M+. Valoración récord de USD 5.250 M. |
| 2022–2023 | Enfriamiento del capital, recortes de personal y giro hacia la rentabilidad. |
| 2024 | Apuesta por Turbo (entregas ultrarrápidas) e inteligencia artificial. |
| 2025 | Rappi cumple 10 años; cuatro trimestres rentables; plan de IPO hacia 2026. |
| 2026 | Valoración estimada > USD 5.000 M; preparación para una posible salida a bolsa. Borrero sigue como CEO. |
¿Quién es Simón Borrero?
Es un empresario colombiano, cofundador y CEO de Rappi, la superaplicación de domicilios y servicios financieros más grande de América Latina y el primer unicornio de Colombia.
Nació en Cali a principios de los años ochenta (varias fuentes indican ~1984), por lo que rondaría los 42 años en 2026. Su año exacto de nacimiento no está confirmado oficialmente.
En Cali, Colombia.
Se graduó en Administración de Empresas con énfasis en Economía en la Universidad de los Andes (Bogotá) y luego hizo un MBA en estrategia en EADA Business School (Barcelona).
Se graduó en Administración de Empresas con énfasis en Economía en la Universidad de los Andes (Bogotá) y luego hizo un MBA en estrategia en EADA Business School (Barcelona).
No. Es un error común: se formó como administrador de empresas y economista. Sus conocimientos técnicos de programación y producto son autodidactas.
Simón Borrero, Sebastián Mejía y Felipe Villamarín, en Bogotá, en 2015.
En agosto de 2015.
Por crear Rappi, el primer unicornio colombiano, y por ser uno de los emprendedores tecnológicos más influyentes de América Latina.
Alcanzó una valoración de 5.250 millones de dólares en 2021. En 2026 se estima que sigue por encima de los 5.000 millones, a la espera de una posible salida a bolsa.
Andreessen Horowitz, Y Combinator, Sequoia Capital, DST Global, SoftBank, T. Rowe Price, Baillie Gifford, Third Point, GIC, monashees y Foundation Capital, entre otros.
Alrededor de 2.300 millones de dólares en total a lo largo de su historia.
No hay cifra oficial. Su riqueza está ligada a su participación (privada) en Rappi y a sus inversiones en otras startups; cualquier número específico es una estimación no confirmada.
Según declaraciones de Borrero, en 2025 la compañía encadenó cuatro trimestres consecutivos de rentabilidad (EBITDA positivo).
Borrero ha señalado una posible salida a bolsa (IPO) en Wall Street hacia finales de 2026, sujeta a las condiciones del mercado.
En su expansión llegó a operar en nueve países de América Latina, entre ellos Colombia, México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Uruguay y Costa Rica.
Borrero fundó una agencia de modelos en línea (fallida), la empresa de software Imaginamos y la plataforma de comercio móvil Grability, de la que surgió la idea de Rappi.
Fue una táctica de crecimiento inicial: regalaban donas a quien descargara la app, lo que impulsó las primeras descargas y pedidos.
Sí. A 2026 continúa como cofundador y director ejecutivo de la compañía.
Es el brazo financiero (fintech) de Rappi: incluye cuentas, tarjetas de crédito (RappiCard) y servicios de pago, lanzado en 2019.
Es el servicio de entregas ultrarrápidas de Rappi, en cuestión de minutos, apoyado en mini-bodegas urbanas (dark stores).
Rappi. El fondo estadounidense invirtió por primera vez en la región a través de Rappi, en 2016.
Conclusión
La historia de Simón Borrero es, en muchos sentidos, la historia del emprendimiento tecnológico latinoamericano de la última década: la de un fundador que fracasó varias veces antes de acertar, que entendió que el gran negocio no estaba en el catálogo sino en la logística, y que convirtió un truco de donas en la esquina de Bogotá en una compañía valorada en miles de millones de dólares y presente en buena parte del continente.
Borrero demostró que se puede construir un campeón tecnológico desde América Latina, atraer al capital más sofisticado del mundo —de Y Combinator a SoftBank— y crear un ecosistema de servicios que cambió los hábitos de consumo de millones de personas. Al mismo tiempo, su historia obliga a mirar de frente las preguntas incómodas del modelo: las condiciones de los repartidores, el papel del algoritmo, la regulación pendiente y la difícil aritmética de una empresa que durante años creció quemando caja.
En 2026, con Rappi rumbo a una posible salida a bolsa y con la inteligencia artificial en el centro de su estrategia, Borrero encara el capítulo más decisivo de su carrera: demostrar que su unicornio no solo fue capaz de crecer, sino de perdurar y de ser rentable. Independientemente de cómo termine esa apuesta, su legado ya está escrito: abrió el camino para toda una generación de emprendedores colombianos y latinoamericanos que hoy sueñan, como él insiste, en grande.
Este perfil se basa en información pública disponible hasta julio de 2026 (medios como Forbes, Bloomberg Línea, TechCrunch, La República, Semana, Portafolio, LAVCA, Y Combinator, Crunchbase y entrevistas del propio Borrero).

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