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La Dorito-ficación de los Medios

Por Trung Phan

¿A qué se puede asimilar el consumo actual de contenidos? ¿Quizás al consumo de comida chatarra? El consumo de Reels, Tik Toks, Shorts en cantidades industriales, se asemeja mucho a cómo consumimos comida rápida o chatarra. Dado que no pareció muy acertado el enfoque de este artículo por el autor norte americano, Trung Phan – quien tiene una newsletter con 55.000 suscriptores, le solicitamos autorización para traducirlo y publicarlo en este blog. No siendo más, te invitamos a leerlo.

Cómo la evolución de los medios creó comida chatarra altamente procesada para nuestra mente.

Aquí tienes mi tuit favorito sobre la industria alimentaria moderna:

Un Dorito derretiría la mente de un campesino en el siglo XV. ¿Y sabes qué más derretiría la mente de un campesino (o rey) en esa época? Una sesión de 10 minutos en TikTok. Literalmente, sus mentes explotarían al ver un iPhone proyectando videos en 460 píxeles por pulgada directo en las retinas, acompañado de audio espacial en sus oídos (no — repito: NO — le muestres a alguien del siglo XV cómo funciona el navegador en modo incógnito).

Y no se trata solo de personas del siglo XV. Honestamente, la gran mayoría de los ~120 mil millones de personas que han vivido en este planeta se asombrarían con la sobreabundancia de opciones de calorías y de medios disponibles en el siglo XXI.

Para la comida, esta abundancia fue necesaria para alimentar a una población en crecimiento. Pero, al resolver este problema, la producción industrial de calorías nos ha llevado a una crisis de obesidad y a costos de atención médica relacionados.

Con los medios digitales está ocurriendo un problema similar. Las aplicaciones sociales — que en su mayoría se acceden a través de teléfonos inteligentes — nos han ayudado a comunicarnos, aprender, mantenernos conectados y entretenernos. Sin embargo, logran estos fines capturando nuestra atención de forma agresiva, lo cual, de paso, genera problemas de salud mental.

Llevamos décadas intentando mejorar nuestra dieta alimentaria, y cada vez más se reconoce que debemos hacer lo mismo con nuestra dieta mediática.

El autor Cal Newport habla sobre esta analogía en su artículo titulado “Ultra-Processed Content”, que a su vez se inspira en el libro “Ultra-Processed People: Why Do We All Eat Stuff That Isn’t Food…and Why Can’t We Stop?”.

“El problema con los alimentos ultraprocesados es que están diseñados para secuestrar nuestros mecanismos de deseo, haciéndolos literalmente irresistibles”, escribe Newport. “El resultado es que consumimos muchas más calorías de las que necesitamos en la forma probablemente menos saludable posible. Dame una bolsa de Doritos (un clásico ultraprocesado) y me costará detenerme hasta que esté vacía. Es mucho menos probable que haga lo mismo con, digamos, una ensalada o un pollo al horno”.

Newport compara la evolución de los medios con diferentes eras de la producción de alimentos:

  • Medios basados en texto: Este tipo de medios es comparable a los alimentos mínimamente procesados (granos, frutas, verduras, carnes). Los humanos han consumido este tipo de comida durante miles de años. En esta analogía, llevamos trabajando con algún tipo de lectura durante más de 5,000 años. Así como consumir alimentos integrales en lugar de comida chatarra nos hace sentir mejor, “consumir texto tiende a hacernos sentir mejor [que otros tipos de medios], y rara vez escuchamos preocupaciones sobre leer demasiado”.
  • Medios electrónicos de masas: Newport compara los principales tipos de medios de masas que surgieron desde la década de 1950 (radio, TV) hasta el internet temprano (podcasts, blogs) con los alimentos moderadamente procesados. Estos serían como el pan blanco y las sopas enlatadas, “más fáciles de consumir y mucho más superficialmente apetecibles”. Aunque este contenido puede ser valioso, “la facilidad de su consumo requiere vigilancia para evitar el consumo excesivo”.
  • Redes sociales: Esta última generación de medios es comparable a los alimentos ultraprocesados con su “hiperpalatabilidad optimizada en laboratorio”. El diseño de aplicaciones sociales en teléfonos inteligentes, impulsado por algoritmos de recomendación, entrega “combinaciones irresistibles que atraen a los usuarios”.

La teoría del desajuste y lo que podemos hacer al respecto

Uno de los libros más comentados de 2024 ha sido “The Anxious Generation” de Jonathan Haidt, psicólogo social conocido, quien plantea que el uso de smartphones está causando una crisis de salud mental entre adolescentes.

El iPhone salió en 2007 y trajo consigo la cámara “selfie” en 2010. En la década siguiente, el uso de aplicaciones de redes sociales explotó, coincidiendo con un aumento en los índices de ansiedad, depresión, TDAH y diagnósticos de otros problemas mentales entre adolescentes. Haidt sostiene que deberían imponerse restricciones de edad más estrictas para los smartphones, especialmente en ambientes escolares.

Claro está, correlación no implica causalidad, y hay quienes cuestionan la teoría de Haidt. Sin embargo, muchos encuentran sus argumentos creíbles y no tienen planes de darles un smartphone a sus hijos hasta que cumplan al menos 16 años (en la misma línea: algunos evitan que sus hijos miren programas como CocoMelon).

Como alguien que pasa muchas horas al día en redes sociales “por trabajo”, puedo afirmar que el tiempo que pasamos en el celular tiene un impacto negativo en nuestra gestión del tiempo y en los niveles de concentración. El consultor Adam Singer sugiere eliminar Instagram y TikTok por completo:

«Realmente creo que basta con no usarlas, especialmente en el móvil, para poseer inmediatamente un nivel de atención/enfoque (y probablemente valores) más alto que un porcentaje no trivial de la población. Es una ventaja gratuita: solo elimínalas.»

Si el desafío de la vida moderna es aprender a dirigir nuestra atención de manera significativa, entonces TikTok e Instagram son distracciones de “grado militar”, optimizadas por algunas de las mentes más brillantes (con increíbles incentivos monetarios, en muchos casos) para controlar nuestra mente.

Es claro que el cerebro humano no estaba preparado para lidiar con distracciones de “grado militar” las 24 horas del día. Y no se trata solo de las redes sociales. También están los servicios de streaming, los videojuegos, las plataformas de mensajería, las apuestas en línea, las aplicaciones de citas y las herramientas de inversión online, todas diseñadas para capturar nuestra atención y todas disponibles en nuestros bolsillos, a solo un toque de distancia. El historiador cultural Ted Gioia se refiere a este fenómeno como el “auge de la cultura de la dopamina”.

Daniel Lieberman y la teoría del desajuste

El biólogo evolutivo de Harvard, Daniel Lieberman, tiene un concepto llamado “teoría del desajuste”, que sostiene que muchas de las enfermedades modernas son causadas por el hecho de que nuestros cuerpos fueron diseñados para un entorno diferente.

El cuerpo humano no está optimizado para el estilo de vida moderno de estar sentados en un escritorio todo el día con fácil acceso a (calorías ultraprocesadas). Nuestros primeros antepasados evolucionaron caminando o corriendo 10 km diarios y, frecuentemente, en estado de déficit calórico, como explicó Lieberman en el podcast Plain English:

“Estamos desajustados. Estamos mal adaptados para nuestro mundo moderno. Tomemos un ejemplo rápido pero ilustrativo: tú y yo estamos diseñados para anhelar el azúcar y almacenar energía como grasa de manera eficiente, para un mundo donde el azúcar y la grasa eran escasos.

Y hasta hace muy poco, lo eran. Antes de la Primera Guerra Mundial, el estadounidense promedio consumía media onza de fructosa al día. Hoy, consume más de dos onzas, cuadruplicando su consumo diario de azúcar en solo un siglo.

Nuestros sistemas alimentarios avanzan a la velocidad de la tecnología, mientras que nuestros cuerpos evolucionan a la velocidad lenta de la evolución. Y el precio de este desajuste está a nuestro alrededor: obesidad, enfermedades cardiovasculares, más caries en nuestros dientes y más cáncer en nuestros cuerpos”.

Es fácil ver cómo la teoría del desajuste de Lieberman se aplica a los smartphones y a las redes sociales. Aquí hay algunas adaptaciones evolutivas y cómo están desajustadas en el entorno mediático actual:

  1. Tamaño de los grupos sociales: Los humanos están adaptados para interactuar en pequeños grupos, con la capacidad cognitiva para mantener alrededor de 150 relaciones.
  • Desajuste actual: Es fácil crear “conexiones” en redes sociales, pero si pasas todo tu tiempo desarrollando cientos de relaciones superficiales en lugar de algunas relaciones profundas, no obtendrás el beneficio psicológico de una verdadera amistad.
  1. Favoritismo por el grupo propio: Estos pequeños grupos aumentaban las probabilidades de supervivencia al cooperar con personas conocidas en lugar de con extraños.
  • Desajuste actual: En las redes sociales, nuestro instinto tribal de favorecer un “grupo propio” se activa constantemente, ya sea en el deporte, la política, el fandom, la raza o la etnia. Este instinto tiene un propósito evolutivo, pero que se active constantemente no es beneficioso para la psique.
  1. Presión social: La cohesión de grupo y la supervivencia también dieron lugar al desarrollo de emociones como la vergüenza (promueve la adherencia a las normas sociales), la culpa (impulsa a hacer las paces), el disgusto (refuerza los tabúes culturales), el orgullo (resalta logros valiosos) y la envidia (motiva la superación personal).
  • Desajuste actual: Aunque estas emociones tienen una función, no estamos adaptados para tenerlas constantemente activadas, como ocurre al pasar horas desplazándonos en redes sociales (especialmente si constantemente participas en discusiones en línea).
  1. Hiper-vigilancia ante el peligro: La supervivencia temprana también signific

aba que estábamos constantemente en modo de detección de amenazas, lo que activa el modo de lucha o huida.

  • Desajuste actual: Las redes sociales — como todos los medios antes que ellas — viven bajo el lema “si sangra, vende”, lo que significa que la ira, el sexo, la violencia y la tragedia captan la mayor atención. El compromiso que este tipo de contenido genera retroalimenta el algoritmo, lo que nos da más de lo mismo y el bucle nunca termina.

En conclusión, nuestra mente no está hecha para lidiar con una rutina diaria que consiste en estímulos de dopamina constantes, comparaciones interminables, juegos de estatus, FOMO, ciberacoso, fragmentación de la atención, sobrecarga de información y presión para estar disponible.

Conclusión: ¿Qué podemos hacer?

No podemos volver a una era preindustrial ni a una era pre-smartphone sin hackeo de atención. La abundancia de alimentos tenía que ocurrir y existen enormes beneficios en tener conexión instantánea, acceso a todo el conocimiento humano y entretenimiento ilimitado.

Afortunadamente, las soluciones son evidentes. Así como inventamos el “ir al gimnasio” y “correr en una cinta” para lidiar con el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados, limpiar nuestras dietas mediáticas es más sencillo.

  • Pasa menos tiempo en redes sociales.
  • Guarda el smartphone (o usa un “teléfono kale” y un “teléfono cocaína”).
  • Lee un libro.
  • Sal a caminar.
  • Juega algún deporte.
  • Toca un poco de césped.
  • Haz una sesión rápida de meditación.
  • Pasa tiempo con amigos y familiares en la vida real.
  • Ve a un concierto en vivo y disfruta de la vibra con otros fanáticos.

No estoy diciendo que necesitamos volvernos campesinos del siglo XV, pero a todos nos vendría bien un poco menos de “sabor extremo a nacho” — ya sea en forma de un triángulo de maíz o en una pantalla negra rectangular — en nuestras vidas.

Original: The Dorito-fication of Media

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